El mito de que los neandertales eran seres primitivos, toscos y brutos se remonta casi al momento mismo en que fueron descubiertos los primeros restos de nuestros primos evolutivos. Ocurrió en 1830 en la localidad belga de Engis, donde se halló el cráneo de un niño de 2 o 3 años. Le siguieron en 1848 otro cráneo en Gibraltar y en 1856 un esqueleto en el valle alemán de Neander -Neander Tal, en alemán, de ahí el nombre con el que se bautizó a esta especie-. Pero no fue hasta finales del siglo XIX cuando se aceptó definitivamente que todos aquellos restos pertenecían a una nueva especie en lugar de casos atípicos o patológicos de humanos modernos.
Por entonces se pensaba que la forma del cráneo revelaba las características cognitivas e incluso morales de los individuos. Efectivamente, tanto su cabeza como el resto del cuerpo eran más robustos que los nuestros. Tenían una mandíbula más potente, una nariz más alta y la frente retraída hacia atrás. Y aunque eran más bajos que nosotros -los varones medían entre 1,64 y 1,69 metros; ellas, unos diez centímetros menos- eran mucho más fornidos, ya que pesaban en torno a los 85 kilos. De ahí que en aquellas primeras ilustraciones se les representara como poco menos que unos salvajes.
Con el paso de los años, los especialistas han ido modelando esa imagen inicial hasta dejar un retrato mucho más sofisticado. Los neandertales controlaban el uso del fuego, construían refugios dentro de las cavernas, fabricaban herramientas, enterraban a sus muertos, cuidaban a sus mayores y enfermos, cazaban en grupo con lanzas de hasta 2,5 metros, vestían pieles y realizaban pinturas. También serían capaces de hablar aunque los sonidos que emitían podrían no ser tan claros como los nuestros. Lo último que se ha descubierto es que también utilizaron pegamentos compuestos por varias sustancias para unir las herramientas de piedra a los mangos.
Sabemos algo más: frente a lo que se pensó durante mucho tiempo, nos cruzamos con ellos. Lo descubrió el biólogo sueco Svante Pääbo en 2008, lo que le valió el Premio Nobel de Medicina en 202En concreto, entre un 1,8% y un 2,6% del genoma de los que hemos nacido fuera de África es neandertal -los sapiens llegaron a Europa hace unos 5000 años y ambas especies convivieron en el continente algo más de 000 años-. ¿En qué se puede ver esa herencia neandertal? Hay ventajas, pero también desventajas.

Adaptaciones al frío: altura de la nariz, piel, pelo…
Al margen de para respirar, las fosas nasales sirven también para calentar y humedecer el aire antes de que llegue a los pulmones. Así, una gran cavidad nasal es una ventaja en climas fríos, a los que estaban adaptados nuestros primos y los habitantes del norte de Europa, que presentan una nariz más alta que los ciudadanos del sur del continente.
Un estudio publicado en la revista cience' reveló que los neandertales tenían el cabello entre rubio y pelirrojo, y la piel clara. Esta información se obtuvo a partir del análisis de un gen clave en la determinación del color del pelo y la tez, el MC1R o receptor 1 de la melanocortina. El gen MC1R está localizado en la membrana de los melanocitos, las células que fabrican la melanina, responsable del pigmento de la piel. Este hallazgo sugiere que los neandertales, al igual que los europeos, desarrollaron adaptaciones para sobrevivir en climas más fríos, con menor exposición solar.
El estudio se basó en la recuperación de este gen en dos muestras neandertales procedentes de los yacimientos de Moni Lesión (Italia) y El Cedrón, en Asturias. Descubrieron que, en los dos casos, una variante no descrita en humanos modernos provoca un cambio aminoácido. Se cree que esta variante genética contribuyó al desarrollo de una piel clara y un cabello más claro, lo que les permitió absorber mejor la luz solar y sintetizar vitamina D en regiones con menor radiación solar.
Las investigaciones también apuntan a que los neandertales utilizaban pieles y cueros para protegerse del frío. Se han encontrado evidencias de herramientas de piedra utilizadas para curtir pieles y de restos de animales que sugieren que las pieles eran parte importante de su vestimenta. Esta práctica, junto a la piel clara y el cabello claro, les permitieron sobrevivir a las duras condiciones climáticas de Europa durante miles de años.
Sistema inmune
Nuestro sistema inmune es una sofisticada máquina que se encarga de eliminar cualquier patógeno que llegue del exterior. Y recibió refuerzos de al menos tres genes neandertales, según se descubrió en 201Según los expertos, al haber habitado Europa mucho antes que nuestros antepasados directos, sus defensas se adaptaron a los enemigos microscópicos y nosotros heredamos algunas de esas capacidades. Destacan especialmente los genes que dan lugar a unas proteínas que están en las membranas de las células del sistema inmunitario y que son las primeras que reaccionan al detectar bacterias, hongos o parásitos.
Más vulnerables al covid, alergias, artritis…
Este sistema inmune heredado hipersensible tiene también algunas contrapartidas. Por ejemplo, nos hizo más sensibles a las alergias. De ahí nuestra propensión al asma o a la rinitis alérgica estacional. Y también frente al covid. Un estudio realizado en Italia con 000 personas demostró que una mayor herencia neandertal duplicaba el riesgo de padecer el coronavirus de forma más grave. También tenemos más riesgo de sufrir artritis, diabetes tipo 2 o el lupus, una enfermedad en la que nuestro sistema inmune ataca al organismo.
Resistencia al colesterol 'malo' y la esquizofrenia
Los restos de una neandertal hallados en 2017 en una cueva en Croacia desvelaron que contaba con un gen protector contra el LDL, el conocido como colesterol 'malo', el que se acumula en las arterias y las obstruye. Esto nos ayudaría frente a algunas enfermedades cardiacas. Su herencia también nos ayudaría a reducir el riesgo de sufrir esquizofrenia.
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