Hugo marcantonio: un tucumano con la adrenalina en la sangre

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Hugo Marcantonio, un empresario tucumano de 67 años, es un hombre que siempre ha estado ligado al deporte. Desde su juventud, ha practicado una gran variedad de disciplinas, desde el básquet hasta el mountain bike, pasando por el rugby, la natación y el motociclismo, entre otras.

“Siempre tuve una particular inclinación por lo extremo”, confiesa Marcantonio. “Mi viejo, que quería que siguiera jugando al básquet en Huracán BB, me decía: ‘cómo vas a hacerte ir a golpear como un pelotudo jugando al rugby…’”, recuerda con una sonrisa.

Su pasión por el deporte se refleja en su vida diaria. “Si un día viene el presidente de Adidas para una reunión a las 130, me tendrá que esperar, porque a esa hora comienza mi plan de entrenamiento. A las 17, cuando vuelva, podremos estar toda la tarde, pero no antes”, asegura con convicción.

El mountain bike es su disciplina favorita, y en ella ha conseguido importantes logros. “Siempre me gustó estar en contacto con la naturaleza. Tenía 11 años y nos íbamos con dos o tres amigos hasta La Parrilla de Los Gigantes, camino a San Javier. También lo tenía cuando subíamos hasta la primera confitería y desde ahí nos largábamos en patín. Era maravilloso recorrer esos lugares a toda velocidad”, recuerda con nostalgia.

Para Marcantonio, el deporte es mucho más que una actividad física. “Si hay una explosión es porque la gente quiere estar mejor. Buscan tener alguna actividad, y si la acompañan con el asesoramiento de gente capacitada, hasta se pueden dar el gusto de tener algún triunfo”, afirma con seguridad.

El rugby, una disciplina que marcó su vida

El rugby es otro de los deportes que ha marcado la vida de Marcantonio. “Sin dudas el rugby. Porque, entre otros valores, Ricardo Martínez Pastur me dejó una marca que no se borró nunca: el respeto hacia mí cuerpo y hacia el rival. Además del sentido de hermandad que caracteriza a ese deporte”, destaca.

Martínez Pastur fue un importante entrenador que le enseñó a Marcantonio a entrenar y a cuidar su cuerpo. “En todo. Por ejemplo, él nos decía que teníamos que comer vegetales y soja, cuando ni siquiera eso era comida para los chanchos. También me enseñó a entrenarme para cuidar mi cuerpo. ¿Sabés por qué me dicen “Loco”? Por culpa de él… Cuando jugaba al rugby hacía el recorrido de mi casa al Departamento de Educación Física corriendo. Los que me veían pasar decían ahí va el “Loco” Marcantonio, pero en realidad, estaba un paso adelante de mis compañeros a la hora de entrenar”, explica con orgullo.

Las secuelas del deporte

Marcantonio no oculta las secuelas que le ha dejado su vida deportiva. “No oculto las facturas que le saca mi cuerpo por haber hecho tanto deporte. Muestra la muñeca destrozada y cuenta que tiene las rodillas destruidas y problemas en las cervicales, entre otros males”, cuenta con resignación.

Pero a pesar de las lesiones, él sigue adelante. “En la vida no te tenés que quedar quieto. Tengo una filosofía de trabajo muy fuerte. En mi negocio todos los chicos andan de un lado para el otro y es lógico que eso ocurra. Si el patrón no para, ellos tampoco”, reconoce con una sonrisa.

Un crítico del deporte en Tucumán

Marcantonio no se guarda las críticas a la situación del deporte en Tucumán. “Desgraciadamente no hay nada. En Tucumán hay dos disciplinas que pueden convocar a mucha gente de otras provincias. El rugby es una, pero no existe un lugar donde, por ejemplo, puedan jugar Los Pumas. La otra es el mountain bike, y recién ahora están dimensionando su importancia”, afirma con preocupación.

Para él, la falta de una política deportiva es uno de los principales problemas que enfrenta la provincia. “Aquí se habla mucho de que el deporte es muy importante porque así se saca a los chicos de la droga y otros vicios. Y eso es cierto, pero lo malo es que todo es de la boca para afuera, porque en realidad no hay una política seria. Y si existen buenas intenciones, no hay nada de dinero para mantenerlo”, denuncia.

Una vida llena de música

La vida de Marcantonio no está marcada solo por el deporte. Su nombre se hizo conocido a nivel nacional por haber sido integrante de Los Bang, una de las primeras bandas del rock tucumano. Luego vendría Flux y por último, bajo el nombre de Hugo Lamarca, un intento como cantante solista. “Es cierto que muchos no se acuerdan o no saben, pero ese fue otro de los grandes momentos que viví”, recuerda con nostalgia.

El rock, un complemento a su vida deportiva

“Era alumno de la Escuela de Comercio y un día Ricardo Torres Correa, que fue un desaparecido, me dijo: ‘che Hugo, tenemos que fumar si queremos tener minas’. Le hice caso y un día volví a casa con un paquete de puchos en el bolsillo. Mi viejo, cuando lo observó me preguntó qué tenía ahí. Antes de que le respondiera que era mi primer paquete me pegó un chirlo en la cara. Al otro día, volví a la escuela y le dije a Ricardo lo que me había pasado. No dudó un instante y me dijo: ‘vas a tener que aprender a tocar la viola’. Así empezó todo”, recuerda entre risas.

Un hombre de familia

Marcantonio es un hombre de familia. Su esposa “Tessi” y sus hijas Luciana, María Pía y Flavia son su principal fuente de apoyo. “Ellas fueron todo a lo largo de mi vida. Fundamentalmente mi esposa que se bancó mis ausencias y se hizo cargo de las chicas cuando no estuve. No sé si podría haber hecho lo mismo en esta época”, confiesa.

Un futuro lleno de proyectos

Marcantonio no se detiene. A sus 67 años, sigue con la misma energía y entusiasmo que lo ha caracterizado siempre. “Me estoy guardando para el parapente cuando sea grande (se ríe a carcajadas). También para jugar al golf, aunque no será fácil aprenderlo a mi edad. Y eso será porque ninguna de esas dos disciplinas necesitan de mucha práctica, pero soy un tipo que necesita moverse y hacer algo”, afirma con convicción.

Hugo Marcantonio es un hombre que ha dejado su huella en Tucumán. Su pasión por el deporte, su talento musical y su espíritu emprendedor lo han convertido en una figura destacada de la provincia.

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