Argentina dominó el mercado mundial de carnes desde inicios del siglo XX, y los frigoríficos representaron una de las principales industrias radicadas en Argentina. Este artículo se propone revisitar un tema clásico dentro de la historiografía económica argentina desde una nueva perspectiva, al enfocarse en los actores empresariales e insertar este análisis en un proceso de cambio de la industria de la carne a escala global. La investigación propone una periodización distinta e ilustra las importantes transformaciones (en términos de actores, estrategias y perfiles productivos) que vivió la industria de la carne desde fines del siglo XIX hasta finales de los años veinte. Se analiza también cómo el sector se destacó por una temprana y fuerte concentración y por la competencia oligopólica entre las principales empresas, caracterizada por largos periodos de cooperación y breves enfrentamientos por las cuotas de exportación.
- Introducción
- Fase I. Experimentación e inicios de la industria frigorífica (1882-1903)
- Fase II. Gran ciclo de inversiones externas (1903-1919)
- Competencia y acuerdos entre empresas
- Fase III. Mercado intervenido, nuevas inversiones y época de prosperidad: la primera guerra mundial
- Fase IV. Reacomodos y consolidación de la industria frigorífica (1921-1930)
Introducción
Los frigoríficos no sólo representaron una de las principales industrias radicadas en Argentina, también se erigieron en importantes vectores para la radicación de capitales (británicos y estadunidenses). La importancia de esta industria es una referencia clásica en la historiografía local, tanto por la magnitud de sus capitales 1y del personal empleado, como por ser uno de los dos sectores de importancia vinculados con la exportación (el otro, aunque en menor grado, fueron los molinos harineros). Las estadísticas de sociedades anónimas de la Inspección General de Justicia para el año 1930 ponderaban que las once corporaciones fabriles censadas en el rubro ocupaban el segundo puesto en capitales suscritos y realizados, así como por activos fijos –sólo después de las empresas de los rubros de energía eléctrica y fuerza motriz.
No obstante, el difícil acceso a la documentación de estas empresas y la preponderancia del análisis del negocio de carnes desde el comercio de exportación y la economía política han eclipsado, creemos, el estudio del cambio industrial en este sector empresarial, con notorias excepciones, como la temprana investigación de Hanson (1938). A grandes rasgos, proponemos que el análisis de esta industria debe partir de cinco aspectos: a) Argentina se convirtió en el líder exportador mundial en la década de 1910; b) las empresas extranjeras lograron controlar casi con exclusividad este sector; c) Gran Bretaña se constituyó en el mercado cuasi único para las carnes argentinas; d) los debates y conflictos en torno al negocio de la carne fueron continuos, pero poca fue la capacidad del Estado para regular el sector (al menos, hasta 1930), y e) se trató de una industria con un fuerte impacto en el mercado interno (por ser componente central de la canasta de consumo) y en el externo (por su peso en las exportaciones y sectores económicos vinculados), y caracterizada por una compleja y sofisticada cadena de comercialización orientada hacia los mercados externos –un aspecto poco considerado en estudios previos.
No pretendemos abarcar cada uno de los puntos arriba mencionados, ya que se cuenta con variadas y excelentes contribuciones en las que se han analizado la relación entre esta industria, ciclos de precios y exportaciones (Crossley y Greenhill, 1977; Gebhardt, 2000; Gravil, 1985), los debates políticos alrededor del negocio de la carne e intentos regulatorios (fallidos) del sector (Liceaga, 1952; Smith, 1968), el sistema de trabajo industrial, la identidad obrera de los trabajadores (Lobato, 1988, 2001), así como la fisonomía de la distribución de la carne en el mercado argentino (Mármol, Giberti y Olivari, 1942; Lluch, 2015), entre otras contribuciones –obras y autores que estas páginas no pueden reconocer con toda justicia. Este artículo, por lo tanto, se ocupará únicamente de los principales cambios en el sector frigorífico de exportación, y enfocarán su atención principal en los actores empresariales, sin desconocer con ello el peso que otros factores políticos y sociales desempeñaron en el negocio de la carne. 2
El trabajo se ha organizado en función de una propuesta de periodización que abarca cuatro fases principales. Para cada periodo se realizan una serie de proposiciones argumentativas. En particular, se propone que el estudio de este sector debe estar inscrito en un proceso global y que, en el caso argentino, la industria frigorífica experimentó importantes transformaciones (en términos de actores, estrategias y perfiles productivos) dentro de un proceso de competencia oligopólica, caracterizada por periodos de cooperación y enfrentamiento entre las principales empresas.
Fase I. Experimentación e inicios de la industria frigorífica (1882-1903)
El emplazamiento de establecimientos frigoríficos en Argentina se inició en la década de 1880, aunque fue en 1868 que el pionero Carlos Tellier patentó su técnica de refrigeración e impulsó los experimentos iniciales con máquinas frigoríficas. En 1877 se concretó el objetivo de enviar carnes congeladas hacia Europa (en el vapor Le Frigorifique y luego en Le Paraguay) y, aunque estos experimentos no hallaron gran eco entre los inversionistas, fueron continuados hasta 1882, cuando Eugenio Terrason –francés radicado en Argentina y dueño de un establecimiento saladeril en la zona de San Nicolás de los Arroyos– introdujo las primeras cámaras frías, y transformó su saladero en un frigorífico. En 1883, el británico G. W. Drabble estableció en Campana (Zárate, provincia de Buenos Aires) el frigorífico River Plate Fresh Meat Co. Desde este establecimiento se habría realizado, en 1883, el primer envío de carnes hacia Europa (7 500 frozen sheep). 3Gastón Sansinena –francés radicado en Argentina– compró la grasería La Negra, en Avellaneda, y la transformó en el frigorífico Compañía Sansinena de Carnes Congeladas en 188Tres años después, fue enviado el primer cargamento hacia Gran Bretaña. Este frigorífico sufrió las duras consecuencias financieras de la crisis de 1890 y, a partir de entonces, el Grupo Tornquist tomó el control accionario de la empresa, por lo cual en esta investigación se lo considerará como de capitales nacionales. 4
En 1886 se radicó en Zárate una empresa frigorífica asociada con capitales extranjeros comandados por James Nelson and Sons, firma mayorista y minorista de carnes en el mercado británico. El nombre de esta empresa originalmente fue Nelson’s River Plate Meat Co., y en 1889 fue renombrada como Nelson’s (New) River Plate Meat Co. De acuerdo con Critchell y Raymond (1912), en 1892 James Nelson and Sons Ltd. fue registrada en Gran Bretaña para unificar los intereses de esta empresa con la James Nelson and Sons. Estos capitales construyeron el frigorífico Las Palmas Produce Co. Ltd. (a orillas del Paraná), registrado en Argentina en 189Su organización obedeció a la lógica de integración hacia atrás de estos intereses británicos, pues su principal objetivo era abastecer a su propia red de carnicerías en ese mercado, para lo cual contaban con una flota. Además, realizaron inversiones en Nueva Zelanda y Australia (casi en paralelo que, en Argentina, por medio de la firma Nelson & Brothers). Los Nelson diversificaron sus operaciones aquí al emprender no sólo la exportación de carne congelada, sino también el negocio de la exportación de animales en pie para ser sacrificados en Inglaterra, al menos hasta su prohibición en 1902 (Critchell y Raymond, 1912, p. 142).
En forma paralela a estas inversiones iniciales en la industria frigorífica, se registró una febril presentación de proyectos legislativos para apuntalar su crecimiento. Como resultado, se aprobó una serie de leyes que habría acompañado (ya que no impulsado) el surgimiento de estos primeros emprendimientos fabriles. 5Si bien hasta 1903 no se registró ninguna otra apertura exitosa de frigoríficos, no puede desconocerse la existencia de intentos malogrados. Uno de ellos se produjo en 1884, cuando se conformó La Congeladora Argentina, iniciativa de la Sociedad Rural. En 1885, la empresa envió el primer cargamento de 1 000 vacunos y 10 000 ovejas. Sin embargo, esta firma no prosperó y cerró rápidamente (Critchell y Raymond, 1912, p. 80).
Esta primera etapa, que cubre casi dos décadas del siglo XIX, fue de experimentación y de promoción. El cierre de este ciclo (1902-1903) fue considerado un año de gran prosperidad para la industria exportadora de carnes (Pedro Bergés, 1915 lo calificó como un año dorado), que coincidió con el afianzamiento del liderazgo de tres empresas frigoríficas, que experimentaron una fuerte subida en los volúmenes de producción –y de exportación. Este proceso también estuvo vinculado con factores externos, como la crisis productiva en Australia, huelgas frigoríficas en Chicago y, en especial, con la guerra anglo-bóer, que disparó las exportaciones ganaderas a Sudáfrica. Esta coincidencia de factores cristalizó una coyuntura que motivó la atracción de nuevas inversiones y dio inicio a otro ciclo en la industria frigorífica.
En cuanto a la estructura de la industria, un aspecto central y ya conocido es el alto grado de concentración. Hacia fines del siglo XIX e inicios del XX, sólo tres establecimientos concentraban los envíos desde Argentina. Por ello proponemos que, muy tempranamente, su asociación –respecto de la cual no creemos que se pueda hablar de claro dominio extranjero, dada la importancia de la empresa Sansisena– procuró alcanzar algún grado de cooperación para controlar el mercado de la carne como un oligopolio. Desde entonces, los administradores de estas empresas sostuvieron una conferencia semanal en Londres para discutir las condiciones y, de acuerdo con Gravil (1985), en pos de realizar acuerdos sobre la cantidad de envíos a Gran Bretaña; aunque, según este autor, ello no implicaba que pudieran controlar los precios en el mercado británico, caracterizado por una amplia atomización de la demanda.
Además de la producción y exportación de carnes ovinas y vacunas, también se producía extracto de carne (en especial por el establecimiento Liebig & Co.), renglón de la industria que no será abarcado en este artículo. Asimismo, desde sus inicios, la industria aprovechó y explotó comercialmente los subproductos (para diversificar la producción), aspecto que debe considerarse más allá de su volumen y del valor de las exportaciones, en tanto era crucial para que las empresas maximizaran sus capacidades competitivas (productivas y distributivas) y aprovecharan economías de escala (y en algunos casos, de diversificación).
En relación con la exportación de carne enfriada (o chilled) –y si bien, como ha señalado Agustina Rayes, las estadísticas oficiales las computaron y registraron sólo desde 1908– este proceso se inició más tempranamente que lo considerado en trabajos previos de otros autores (Lluch y Rayes, 2014). Fuentes contemporáneas indican que desde el año 1900, el frigorífico River Plate Fresh Meat Co. perfeccionó la técnica para producir carnes enfriadas y en 1902 habría realizado el primer embarque a Gran Bretaña (Argentina. Ministerio de Agricultura de la Nación, 1922; Richelet, 1929). Recordemos además que desde ese mismo año (1902) se prohibieron las exportaciones de ganado en pie desde Argentina, lo que impulsó los envíos de carnes congeladas, pero también, aunque en menor medida, de las enfriadas. 6
Las estadísticas disponibles del Reporte de Weddel Co. indican que en 1906 y 1907, las importaciones de chilled beef (carne vacuna congelada) desde Argentina alcanzaron casi los 500 000 quarters y representaban casi 25% del total de las importaciones al Reino Unido (W. Weddel & Co. Ltd., 1916). Al igual que lo sucedido para las carnes ovinas –un tema ampliamente estudiado por la historiografía argentina–, detrás de la incipiente especialización en carnes vacunas, fue necesario que se produjera una reconversión de planteles ganaderos y su engorde con pasturas artificiales como la alfalfa, proceso paralelo a las nuevas inversiones destinadas a optimizar el procesamiento de la carne (y para su adecuado transporte) (Giberti, 1981; Hora, 2001). Los que impulsaron estas transformaciones fueron los frigoríficos, con su demanda de ganado de mejor calidad.
Es importante recordar que, a diferencia del congelado –carne tratada a -15º C, que debe ser descongelada antes de ser consumida– la carne chilled o enfriada se mantiene a temperatura de cero a 2º C, con lo cual llegaba al puerto en estado fresco natural, tierno. Otra diferencia sustancial entre ambos productos es que para que la carne se encuentre apta para la venta y consumo debe comercializarse en un plazo muy corto. El periodo de conservación del chilled abarcaba 45 días, circunstancia que favoreció, primero, los embarques desde Estados Unidos y luego los provenientes desde Argentina, pues Australia y Nueva Zelanda estaban distantes a 65 días de navegación en esa época (Bergés, 1915).
No obstante, otra propuesta de este trabajo es que el primer ciclo de envíos de carne enfriada se produjo antes del arribo de las empresas estadunidenses, visión que se contrapone con interpretaciones previas. Por supuesto, en estos años la proporción entre chilled y frozen era claramente favorable para el último producto (tres a uno, de acuerdo con datos provistos por Whelpley, 1911, p. 49). Pero rápidamente, ya para 1910, el nivel se había emparejado, como consecuencia de un proceso que explicaremos a continuación y en el que confluyeron factores tecnológicos, productivos y comerciales.
Fase II. Gran ciclo de inversiones externas (1903-1919)
Este segundo ciclo encierra dos subprocesos diacrónicos. El primero es el crecimiento de las inversiones británicas, y también argentinas, potenciadas por los factores anteriormente mencionados. Las exportaciones a Sudáfrica durante la guerra anglo-bóer (1899-1902) establecieron una etapa dorada para el sector, pues las ganancias fueron extraordinarias (de 50 a 100%, particularmente en los años 1902-1903), capitalizadas sólo por tres compañías (dos británicas y una argentina) (Argentina. Ministerio de Agricultura de la Nación, 1923, p. 21; Liceaga, 1952; Whelpley, 1911). En 1903-1904 se inició así una primera ola de inversiones, y en pocos años, se instalaron cinco nuevos frigoríficos.
En este proceso no estuvieron ausentes las inversiones argentinas. El primer caso es el de Sansinena, que en 1902 construyó el frigorífico Cuatreros, en cercanías de Bahía Blanca. Posteriormente, esta misma empresa compró un frigorífico en Uruguay ( Frigorífico Uruguaya, 1909). En segundo lugar, capitalistas argentinos fundaron en 1902 la Societé Anonyme de Viandes Congelées La Blanca (en el Riachuelo) con un capital fijo de 300 000 libras. Las exportaciones de este establecimiento comenzaron en 190Finalmente, en 1905, se inauguró el Frigorífico Argentino (en Valentín Alsina), con un capital de 250 000 libras.

Con mayor impulso que hasta entonces se radicaron nuevos capitales británicos, los cuales, como un aspecto diferencial, al llegar a Argentina ya disponían de cadenas de distribución mayorista y minorista en Gran Bretaña. En 1903 se conformó la sociedad The Smithfield and Argentine Meat Co. (en Zárate, sobre el río Paraná) con un capital social de 200 000 libras (hay ciertas divergencias en cuanto a su nacionalidad, pues algunas fuentes indican participación sólo británica y otros señalan una participación mixta anglo-argentina). Esta planta inició sus exportaciones en 190Las estadísticas son elocuentes respecto a la repercusión de estas inversiones en los envíos de carne bovina congelada, ya que sólo en 1905 crecieron 50% en comparación con el año anterior (Lluch y Rayes, 2014). Finalmente, en 1903-1904 se conformó La Plata Cold Storage, en el puerto de La Plata, como subsidiaria de una empresa radicada en Sudáfrica, aunque vinculada con capitales británicos. De acuerdo con Critchell y Raymond (1912), al momento de comenzar los envíos al exterior, el mercado sudafricano estaba en crisis y, por lo tanto, fueron redireccionados hacia Inglaterra. Ante este cambio de escenario, el interés de esta empresa fue vender sus instalaciones en el río de la Plata. En 1907 fue comprada por Swift Co., que la rebautizó como Compañía Swift de La Plata.
El segundo proceso –que también forma parte de esta segunda ola de inversiones– se vincula con la americanización de la industria frigorífica. El primer paso fue, como dijimos, el arribo de Swift en 190El segundo paso fue la extranjerización, en 1909, del frigorífico La Blanca, el cual pasó a manos de la National Packing Co. (operación realizada en 340 000 libras). 7Esta planta, al disolverse la National Packing en 1912, sería controlada luego en forma conjunta por Morris & Co. y Armour & Co. Después, Sulzberger and Sons Co. compró-arrendó el Frigorífico Argentino (lo que constituye un nuevo caso de extranjerización). En 1914 este establecimiento pasó al control de Wilson Argentina (al ser la continuadora de la compradora original) bajo el nombre de Frigorífico Argentino Central. En suma, de las denominadas cinco grandes de Chicago, la Cudagh Packing Co. fue la única que no se radicó en el río de la Plata en este periodo.
La llegada de los frigoríficos estadunidenses –que en otros trabajos se ha asociado a un factor interno del mercado argentino (i. e., una etapa de oro)– debe ser leída, por el contrario, en el contexto internacional. Entre los factores a considerar se encuentra el vertiginoso crecimiento del mercado interno estadunidense, que redujo la capacidad de exportación y motivó la búsqueda de fuentes de suministro alternativas para continuar alimentando los canales de comercialización ya establecidos en Gran Bretaña y Europa. Pero, además, las firmas estadunidenses ya sufrían la competencia de las carnes argentinas en el mercado británico, un aspecto que ha sido escasamente considerado (Wilkins, 1970). Reiteramos, antes de la llegada de los frigoríficos estadunidenses, Argentina se había convertido en el otro país capaz de exportar carne vacuna congelada y enfriada, pues las mismas empresas manejaban ambos tipos de productos (Perren, 1978). La búsqueda de nuevos destinos de inversión permitió entonces resolver los dos problemas que aquejaban al pool de la carne estadunidense, el cual también se encontraba presionado por investigaciones antimonopolio en Estados Unidos (Yeager, 1981; Dewey; 1990).
Asimismo –y si bien Argentina fue el centro principal de radicación de capitales estadunidenses en este rubro–, la expansión yanqui alcanzó a Uruguay (como parte de las operaciones en el río de la Plata), Brasil, Canadá, Australia y Nueva Zelanda. La estrategia del capital estadunidense fue adquirir y ampliar plantas ya existentes y modernizarlas, lo cual implicó un incremento de las inversiones de capital y de la capacidad de producir y exportar carne enfriada. Igualmente, la trayectoria de las carnes chilled fue menos lineal que lo que plantean algunas interpretaciones, puesto que su crecimiento se vio paralizado por la gran guerra y sólo luego de ella retomaron su curso (Lluch y Rayes, 2014). Así, en este periodo sobresalen dos subetapas de inversiones u olas de instalación de frigoríficos. Como se observó, hasta 1904-1905, se dio un cierto equilibrio entre capitales británicos y argentinos. La segunda etapa arrancó en 1907 y culminó en 1914, y estuvo representada por la entrada de capital estadunidense (e incluyó procesos de extranjerización de frigoríficos argentinos). 8
Competencia y acuerdos entre empresas
Ríos de tinta han corrido para referirse a las prácticas monopólicas de los frigoríficos. Desde sus inicios, la industria estuvo integrada hacia delante –aunque sin controlar en Argentina la producción de ganado, por lo cual el foco estuvo puesto en estructuras de compra y comercialización: “The three great companies bought their stock, froze the meat, shipped it in vessels owned or chartered by themselves, and landed and sold it in Great Britain. The Sansinena Co. and the River Plate Fresh Meat Co. distributed and sold their meat through the usual wholesale channels, whilst Messrs. James Nelson and Sons relied mainly upon their shops” (Critchell y Raymond, 1912, p. 264).
Asimismo, desde sus inicios, la industria estuvo concentrada, lo cual facilitó los llamados gentlemen’s agreements. Pero lo que queremos enfatizar es que los acuerdos de reparto de mercado y precios conformaban un rasgo anterior al arribo de las grandes firmas estadunidenses, aunque su presencia implicó que se ajustaran los mecanismos, y desde entonces, la industria se caracterizó por periodos de competencia oligopólica, seguidos de arreglos y coordinación. 9
Sin ser el foco de este trabajo, cabe indicar que fue la presencia de Swift en el mercado –y sus deseos de expandir la cuota asignada de exportación– la que provocó en 1908 el estallido de lo que se conoce como la primera guerra de carnes en Argentina (1908-1911). 10La salida del conflicto de precios por el dumping ejercido por Swift se produjo gracias a un acuerdo firmado en 1911 (denominado Conferencia de fletes), donde las presiones angloargentinas habrían cumplido una cuota importante, en función de su peso político, y en especial, por el control británico del transporte marítimo. 11Se fijaron entonces nuevas cuotas de faena de carnes para cada grupo de empresas a partir del año 191Este acuerdo (y los subsiguientes) fueron denunciados tanto local como externamente (Londres y Washington), y se convirtieron en objeto de investigaciones antimonopolio (i. e., Reporte, 1919). La defensa esbozada por las empresas argumentaba que la carne chilled era un producto perecedero, lo cual obligaba a “sincronizar todas las etapas de su manipuleo, desde el momento mismo en que el animal es faenado hasta que se expende para el consumo en el mercado de ultramar”.

La historiografía, por el contrario, ha puesto el acento en la subordinación de la ganadería argentina a intereses extranjeros y en el impacto de la diferenciación entre productores invernadores y criadores. De acuerdo con esta perspectiva, los primeros se aliaban con los frigoríficos, en detrimento de los segundos (considerando en particular el efecto de estos eventos en el precio de venta de los ganados). 12
Este convenio, de todos modos, tuvo corta vida. En abril de 1913, La Banca (propiedad de Armour & Morris) solicitó ampliar sus embarques en un 70%, conforme había aumentado su capacidad industrial (lo que se explica en tanto Swift fue la principal interesada en ampliar su cuota de chilled beef luego de la primera guerra). Estos enfrentamientos condensaron lo que tradicionalmente se conoce como la segunda guerra de las carnes (1913-1914), la cual finalizó poco antes del inminente estallido de la primera guerra mundial. La Conferencia de fletes de 1914 (luego de reuniones en Londres y Chicago) distribuyó nuevas cuotas: 55% le correspondió a Estados Unidos; 264% a Inglaterra; y 186%, a Argentina (Liceaga, 1952). Ambas guerras, desde nuestra visión, se vincularon con la maduración de inversiones estadunidenses en Argentina y también con el claro descenso de los embarques desde Estados Unidos (lo que explica el mayor interés y agresividad de estas firmas en el río de la Plata). Para entonces, en 1913, los intereses estadunidenses controlaban más de 45% de la oferta de carnes (local e importada) en el mercado londinense.
La interpretación tradicional sobre estos enfrentamientos es que las empresas estadunidenses buscaron suprimir a sus rivales angloargentinas. Nuestra postura, sin desconocer este rasgo, busca enfatizar que también existía cierto grado de rivalidad entre las empresas estadunidenses. Ambos sucesos provocaron reacciones en el Congreso, y hasta se avanzó en la interpelación del ministro de Agricultura, en lo que llegó casi al punto de ser el primer debate parlamentario sobre el monopolio de la carne en Argentina. 13Sin embargo, en las esferas políticas y legislativas locales predominó la idea de no intervenir directamente y ninguna ley al respecto fue aprobada en esta década (a pesar de los varios proyectos presentados).
Los intereses británicos respondieron –junto con el ya mencionado intento de apelar a la intervención del gobierno argentino– 14con tácticas defensivas, representadas por una serie de absorciones y fusiones (en pos de la racionalización, según Chandler, 1990). A comienzos de 1914, Las Palmas Produce Co. Ltd. (propiedad de James Nelson and Sons) se fusionó con River Plate Fresh Meat Co. Ltd., para conformar la British and Argentine Meat Company Ltd. 15También estuvo asociada a esta operación la compañía naviera británica Royal Mail Steamship Co. Ltd. (Argentina. Ministerio de Agricultura de la Nación, 1922, 1923).

Detrás de estas discusiones y enfrentamientos se escondía no sólo la mencionada ampliación de capacidad de los nuevos frigoríficos estadunidenses y la necesidad de reducir las pérdidas, sino también un aspecto vinculado con el proceso de comercialización y que se refiere a la importancia de sostener o aumentar los porcentajes de reparto del transporte marítimo. La Conferencia (mediante acuerdos privados entre empresas) era el ente que disponía de todas aquellas bodegas frigoríficas que llegaban al río de la Plata (lo que permitía la consolidación y concentración de las empresas). Estas debían abonar a las compañías navieras el flete por cada viaje, y esto funcionaba, en principio, como una reserva, pero también evitaba que otros interesados remitieran carnes al extranjero sin negociar con ellas. Como señalaba Richelet (1929), algunos vapores con cámaras frigoríficas partían desde Argentina con la mitad o tres cuartos de carga, y –desde su criterio– muy poco les importaba esto a las compañías navieras, pues ellas recibían el pago del flete completo de la Conferencia para tenerlos clausurados o a medio trabajar. Richelet entendía que esta institución creaba costos extras a las compañías en Argentina, a los que se sumaban los cargos administrativos de sostener esta institución en Londres y la comisión de 1 y 4% sobre todos los fletes por carnes y subproductos del río de la Plata a la firma Kaye and Son Co. de Londres por la misión de encargarse de la distribución de las bodegas frigoríficas que embarcan carnes para Gran Bretaña.
Fase III. Mercado intervenido, nuevas inversiones y época de prosperidad: la primera guerra mundial
El estallido de la Gran Guerra trajo aparejados enormes cambios en el comercio mundial de carnes. Sin embargo, no se paralizaron las inversiones, y durante los años del conflicto bélico se produjo la apertura de frigoríficos en la Patagonia ( Frigorífico Río Grande y Frigorífico Armour de Santa Cruz) y tuvieron lugar otros reacomodamientos, tales como el inicio de las operaciones del Frigorífico Argentino en 1914, de la planta de Armour La Plata en 1915, y de la Anglo South American Meat Co., controlada por la Union Cold Storage en 1916 (vinculada al grupo Vestey). 16
La mayor novedad, no obstante, fue que durante estos años el comercio hacia Gran Bretaña se encontró intervenido y controlado por el gobierno de ese país, con lo cual se favoreció a algunas empresas sobre otras, en especial la de Las Palmas (véase cuadro 1). 17
| Empresa | 1914 Cantidad | 1914 Porcentaje | 1915 Cantidad | 1915 Porcentaje | 1916 Cantidad | 1916 Porcentaje | 1917 Cantidad | 1917 Porcentaje |
|---|---|---|---|---|---|---|---|---|
| La Plata (Swift) | 1 568 101 | 23 | 1 382 992 | 20 | 1 299 804 | 16 | 910 061 | 12 |
| Frigorífico Montevideo (Swift) | 605 814 | 13 | 896 665 | 16 | 816 194 | 13 | 787 978 | 11 |
| La Plata (Armour) | – | – | 356 845 | 2 | 804 174 | 11 | 750 868 | 15 |
| La Blanca (Armour & Morris) | 858 338 | 16 | 721 477 | 15 | 739 715 | 11 | 684 904 | 14 |
| Argentino Central (Wilson) a | 357 899 | 7 | 376 645 | 5 | 354 406 | 3 | 312 369 | 2 |
| Total de firmas de Estados Unidos | 3 390 152 | 63 | 3 734 624 | 68 | 4 014 293 | 60.4 | 3 446 180 | 54 |
| Las Palmas (Nelson) b | 884 443 | 15 | 866 104 | 15 | 1 536 272 | 21 | 1 480 911 | 27 |
| Smithfield & Argentine | 375 544 | 7 | 302 428 | 2 | 345 156 | 2 | 326 494 | 4 |
| Sansinena | 355 993 | 6 | 362 427 | 3 | 360 821 | 4 | 247 689 | 1 |
| Frigorífico Urguaya c | 354 186 | 6 | 500 030 | 7 | 346 207 | 2 | 267 904 | 5 |
| Anglo-South American | – | – | – | – | 47 991 | 0.7 | 235 194 | 9 |
| Total | 5 360 318 | 100 | 5 765 613 | 100 | 6 650 740 | 100 | 6 004 372 | 100 |
Notas: a Anteriormente Frigorífico Argentino. b Incluye la River Plate Fresh Meat & Co. c Propiedad de Compañía Sansinena. Fuente: elaboración propia con base en Argentina. Ministerio de Agricultura de la Nación (1922, p. 30); Review of the River Plate (2 de noviembre de 1917, pp. 1081 y 1083).
Si bien el funcionamiento de las empresas estadunidenses se vio afectado, no lo fue en modo catastrófico. Como informaba la Review of the Frozen Meat Trade (Weddel & Co.), en 1916, las cuatro firmas estadunidenses que funcionaban en el río de la Plata manejaron 34% de la producción mundial de carnes congeladas y enfriadas contra 28% de 191 18En conjunto, para las compañías frigoríficas este fue un periodo positivo, pero plagado de desafíos por las alteraciones de los mercados de destino, la intervención del gobierno inglés –que favoreció en particular a Las Palmas (véase cuadro 1)–, y de cambios relativos en las posiciones de las empresas, pero que de ningún modo podría ser descrito como crítico. Por ello es que proponemos que el contexto bélico fue una etapa de reajustes internos, de cambios en el perfil productivo (por tipo de exportaciones dominantes) y de consolidación de las empresas estadunidenses ya no sólo en el río de la Plata, sino en América del Sur, al haber arribado a Brasil y Paraguay a partir de 191
Fase IV. Reacomodos y consolidación de la industria frigorífica (1921-1930)
Los años veinte, en conjunto, fueron de consolidación y crecimiento (con el interregno de un nuevo enfrentamiento interempresarial entre 1925-1927). Sin embargo, es necesario puntualizar que –de acuerdo con Hanson (1938)- en esta década se distinguen distintos submomentos: a) de fuerte caída en los beneficios luego del auge de la primera guerra (1920-1921); b) de competencia restringida por el acuerdo de fletes (1922-1924); c) de confrontación (1925-1927); y d) de un nuevo arreglo a partir de 1928, que conllevó el cierre o desplazamiento de algunos intereses británicos (por lo menos hasta 1930, que es el periodo analizado en este artículo) y la consolidación de los tres actores empresariales que realizaron fuertes inversiones hasta el final de la década (y que explican el auge de exportaciones de carnes enfriadas ya referido).
Si las exportaciones de carnes enfriadas vivieron su momento de oro, los primeros años de la década de 1920 fueron álgidos para el sector ganadero. El auge que la ganadería vivió durante la guerra encontró sus límites a partir de 1920, como
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