Aramburu y el cuero de evita: el secuestro del cadáver que conmocionó a la nación

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La historia de Eva Perón no se limitó a su vida, su legado se extendió incluso después de su muerte. Su cuerpo embalsamado, símbolo de la devoción popular, se convirtió en un objeto de deseo y odio para las fuerzas antiperonistas que, tras el golpe de Estado de 1955, lo secuestraron de la sede de la CGT.

La decisión de apoderarse del cadáver de Evita no fue fácil. Se debatió entre opciones macabras: arrojarlo al mar desde un avión de la Marina o incinerarlo. Finalmente, la razón se impuso ante la barbarie: había que sacarlo de la CGT para evitar un lugar de culto y reunión de sus seguidores.

En la noche del 22 de noviembre de 1955, el teniente coronel Carlos Eugenio Moori Koenig, jefe del Servicio de Inteligencia del Ejército (SIE), y su lugarteniente, el mayor Eduardo Antonio Arandía, lideraron la operación. Moori Koenig, un fanático antiperonista, se obsesionó con el cuerpo de Evita, llevándolo a paseos por Buenos Aires en una furgoneta de florería, incluso hasta el altillo de la casa de Arandía. La resistencia peronista setutorial la pista del cadáver, y por donde pasaba, aparecían velas y flores, alimentando la paranoia del mayor Arandía.

Tras la intervención de Pedro Eugenio Aramburu, presidente de facto, Moori Koenig fue relevado y reemplazado por el coronel Héctor Cabanillas, quien propuso sacar el cuerpo del país y organizar un "Operativo Traslado".

Alejandro Agustín Lanusse, futuro presidente de facto, y el capellán Francisco "Paco" Rotger, fueron claves en el plan. El objetivo era llevar el cuerpo a Italia y enterrarlo en un cementerio de Milán bajo un nombre falso. La Compañía de San Pablo, comunidad religiosa de Rotger, se encargó de custodiar la tumba. La operación requirió la participación del superior general de los paulinos, el padre Giovanni Penco, y del propio Papa Pío XII.

Rotger viajó a Italia y logró su cometido. Cabanillas puso en marcha el "Operativo Traslado", embarcando el féretro en el buque Conte Biancamano con destino a Génova. En Génova, Penco esperaba. Evita fue sacada del país bajo el nombre de “María Maggi de Magistris”.

El cuerpo fue inhumado en el Cementerio Mayor de Milán, en presencia de Hamilton Díaz y Sorolla, quien se hizo pasar por Carlo Maggi, hermano de la fallecida. Una laica consagrada de la orden de San Pablo, llamada Giuseppina Airoldi, la "Tía Pina", le llevó flores durante 14 años, sin saber que cuidaba la tumba de Evita.

El secreto de la operación se mantuvo por años, hasta que en 1970, Montoneros secuestró a Aramburu. Durante los interrogatorios, le preguntaron insistentemente por el destino del cadáver de Evita. Aramburu finalmente reveló que el cuerpo estaba en Italia y que la documentación estaba en manos del coronel Cabanillas. Montoneros, en un comunicado, acusó a Aramburu de la "profanación" del cuerpo de Evita.

En 1971, el gobierno de facto de Lanusse devolvió el cuerpo a Juan Domingo Perón. Rotger viajó a Milán y obtuvo el cadáver. Cabanillas y Sorolla viajaron a Italia para el "Operativo Devolución". El cuerpo fue exhumado el 1° de septiembre de 1971, llevado a España y entregado a Perón en Puerta de Hierro.

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Perón, tras revisar el cadáver, lo encontró intacto. Sin embargo, para las hermanas de Evita y el doctor Tellechea, que lo restauró en 1974, estaba muy deteriorado. Perón regresó al país con Isabel y José López Rega, pero sin los restos de Evita.

aramburu y el cuero de evita - Qué hizo Aramburu con el peronismo

Tras la muerte de Perón, Montoneros secuestró el cadáver de Aramburu para exigir la repatriación del de Evita. Isabel accedió al canje y el cuerpo de Evita fue depositado junto al de Perón en la Quinta de Olivos. Después del golpe de 1976, los dictadores trasladaron los restos a la bóveda de la familia Duarte en la Recoleta.

El secuestro del cuerpo de Evita es un capítulo oscuro de la historia argentina, que refleja la ferocidad del odio político. Aramburu, figura emblemática del antiperonismo, fue el responsable de un acto de barbarie que conmocionó a la nación. El cuerpo de Evita, símbolo de la esperanza y la lucha por la justicia social, fue mancillado por la mano de aquellos que buscaban borrar su legado.

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